Zebela
Frente al espejo, observaba mis ojeras y el mal aspecto que reflejaba. Mi rostro, cansado y marcado por la noche de insomnio, parecía no reconocerme. Aunque el alfa me había dado una tarjeta con dinero, el lugar me era desconocido, por lo que no había comprado nada aún.
Por lo tanto, no tenía maquillaje para disimular el trasnoche ni las secuelas que quedaron en mi rostro por haber llorado.
Me había ilusionado con Bastián... digo, el alfa Bastián. Era la primera vez que vivía una experie