Zebela
El calor de su cuerpo era un refugio acogedor, y sus músculos, un soporte seguro. Como si fueran murallas impenetrables que me protegían del exterior.
Y su aroma…
Nunca antes el olor natural de un hombre me había gustado tanto, hasta el punto de sentir que se volvía tremendamente adictivo.
Me encantaba…
Aunque era muy consciente de lo que sucedía a mi alrededor, mi capacidad para razonar se veía nublada por el estrés y el trauma de lo que acababa de vivir.
Sentí el mismo miedo que el día