Zebela
Me quedé congelada en mi lugar cuando caí en cuenta de lo que acababa de hacer. Miré al alfa de forma instintiva y lo que encontré en su mirada me aterrorizó.
Sus ojos verdes se tornaron rojos y sus colmillos crecieron hasta salirse de su boca. La tensión llenó su rostro y su expresión peligrosa me erizó los vellos del temor.
De cierto moriría esta noche porque no había forma de que saliera ilesa tras luchar contra este alfa tan poderoso.
—¡¿Cómo te atreves, loca del demonio?! —exclamó l