Tres días después...
Zebela
La brisa fría y salada soplaba con violencia, levantando con furia mi cabello y el vestido sencillo que me había comprado Bastian en el puerto.
Lo busqué con la mirada y sentí que tenía un déjà vu al encontrarlo en la proa, observando el vasto y oscuro mar, que recibía pequeños besos de la luna, cuyo brillo resaltaba en un cielo casi negro e invadido por estrellas.
Mi corazón palpitó con fuerza cuando comparé este momento con un recuerdo. Al igual que esa vez, Bastia