Zebela
El cielo todavía estaba oscuro cuando Bastian me trajo leche caliente, una ensalada de frutas y un pedazo de pan con queso. Se sentó junto a mí en la cama y soltó un suspiro.
Me llegó un leve olor a café, pero fue tan sutil que no me revolvió el estómago. Entonces supe que él ya había desayunado. Mientras estuvimos en el barco, desayunaba temprano para que el olor a café no me molestara; luego, me llevaba el desayuno al camarote.
Hoy no fue la excepción. La diferencia era que estábamos e