Zebela
El aire fresco hizo un poco de efecto, pues la sensación de ahogo y mareo se calmó; no por completo, pero sí me sentía mejor.
Miré al cielo y sentí la caricia de la melancolía en mi pecho, mientras en mi estómago se formaba un nudo doloroso.
Necesitaba a Bastian, saber que estaba bien, que mi sacrificio no había sido en vano.
—Bebé, papá estará feliz de tu existencia. Si vieras lo maravilloso que es... tan cariñoso, fuerte, atractivo... —Balbuceé las palabras mientras me acariciaba el vi