Miranda estaba destrozada.
Todo el trayecto de regreso a casa fue un mar de lágrimas incontenibles.
Las calles pasaban borrosas a través del cristal del auto, pero nada podía borrar de su mente las palabras de Ariana, su frialdad, su rechazo... su odio.
La crueldad de lo que había vivido la alcanzó con fuerza, como un golpe brutal. El dolor se acumulaba en su pecho, cada palabra de Ariana perforando su alma, haciéndola sentir como si algo irreparable se hubiera quebrado en su vida.
Cuando entrar