Ariana se sintió vacía, como si todo lo que había sido se hubiera desvanecido, arrastrado por el peso de las palabras y las acciones que Sergio había impuesto sobre ella.
Miró al hombre que alguna vez amó, con los ojos llenos de un rencor contenido, el alma rota, como quien ha perdido todas las batallas y ya no sabe si queda alguna razón para seguir luchando.
—¿Por qué haces esto? —preguntó, su voz quebrada, apenas un susurro cargado de desesperación—. ¿Qué ganas con aislarme? ¿Crees que así voy