El ambiente en la mansión Torrealba estaba cargado de tensión.
Cada rincón parecía resonar con una sensación de angustia que se colaba por cada grieta de las paredes.
La opulencia de la casa no lograba ocultar la oscuridad que la envolvía.
El viejo amigo de Sergio, aquel que solo aparecía en las fiestas y que nunca aportaba más que una sonrisa vacía y un brindis superficial, sacó la chequera con una expresión burlona.
—Señora Ariana —dijo, con una diversión apenas disimulada en su voz, como si f