En el crucero, Marfil abrió los ojos lentamente, despertando con la suavidad de un nuevo día.
Al mirar a su alrededor, encontró a Imanol mirándola con una ternura infinita.
Sus ojos, llenos de amor, la envolvían en un calor que la hacía sentirse segura, protegida.
—¿No has dejado de amarme? —preguntó ella, con una sonrisa tímida, pero llena de emoción.
Imanol soltó una carcajada suave, como si la pregunta fuera la cosa más obvia del mundo.
—¿Cómo podría? —respondió él, con una sonrisa franca y s