Imanol retrocedió dos pasos, su rostro marcado por la tormenta que se desataba en su interior.
Marfil sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies. Un terror indescriptible la invadió, un miedo profundo que la consumió hasta lo más profundo de su ser. No quería perderlo. No podía, no de esa forma.
Él caminó por la habitación, los pasos resonando como un eco sombrío.
Pensaba en tantas cosas, pero al mismo tiempo, no podía pensar en nada más que en el dolor que le quemaba el pecho.
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