Miranda se quedó sin palabras. Su boca permaneció cerrada, pero su corazón… su corazón no mentía.
Sí, todavía amaba a Arturo. Lo había intentado negar, ocultar, enterrar bajo el peso de la traición, pero el amor no se borraba, así como así. Sin embargo, una parte de ella gritaba con fuerza: ¿de qué servía amar a alguien si no podías volver a confiar en él?
—Marfil… no hables más de eso, por favor —dijo al fin, su voz temblorosa, apenas un susurro.
Marfil no insistió. No era el momento, no aún.
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