Buenos días, Viborita.
La cabeza me da vueltas, me siento como si me hubiera pasado un camión por encima y cuando abro los ojos sé que me encuentro en una habitación de hospital.
—¡Pero qué mierda!
—¡Despertaste! Buenos días, viborita — me saluda el bendito gandul que está sentado junto a mi cama estrujando una toalla que luego pasa por mi frente— ¿Cómo te sientes?
—¿Qué hago aquí? ¿por qué estás haciendo esto? — saco su mano de mi cabeza y tomo la toalla, no entiendo nada y menos que él esté cuidándome— ¡Mierda! Me