Capítulo 52
Esa mañana, tras compartir el último desayuno en casa de los padres de Elena, Diego y ella se preparaban para regresar a la villa. Lucía estaba de pie en el umbral con el rostro compungido, abrazando la muñeca que Diego le había regalado.

​—¿De verdad ya se tienen que ir, Elena? —preguntó Lucía con tono decepcionado—. Solo han estado aquí dos noches.

​Elena se acercó a su hermana y se arrodilló para quedar a su altura. Le acarició la mejilla con ternura.

—Sí, cielo. Diego tiene que volver
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