Tras asegurarse de que su madre estaba estable, Elena soltó un largo suspiro. Vio a su padre sentado al borde de la camilla, sosteniendo la mano de Adriana con una mirada difícil de descifrar. Decidió darles espacio y salió de la habitación.
Caminó por el pasillo; sentía la garganta seca por la tensión acumulada desde el mediodía. Sin embargo, no era solo el accidente de su madre lo que ocupaba su mente. La figura del médico que la había atendido —Julián— no dejaba de darle vueltas. ¿Qué hacía