Diego acababa de contarle los detalles de la reunión de esa tarde y su repentino viaje a Valencia. Sentado frente a Elena, observaba cómo su esposa se limitaba a juguetear con la comida en el plato, removiéndola sin probar bocado.
—¿Cuánto tiempo estarás fuera? —preguntó Elena en voz baja, sin levantar la vista.
—No lo sé con certeza. Hasta que todo se estabilice. Podrían ser dos semanas, quizás más —respondió Diego. Dejó el tenedor a un lado y la miró fijamente—. Si quieres, puedes venir co