Martín se levantó de su asiento. Sintió que su presencia en aquel apartamento ya había sido suficiente. Colocó una pequeña tarjeta de visita junto al sobre marrón.
—Entiendo, señor. No volveré a vigilarlos —dijo Martín mientras se ajustaba el saco—. Una cosa más. Mientras gestionaba el traslado de los archivos en la oficina antigua, encontré esto olvidado en el cajón de su escritorio.
Martín sacó una caja de terciopelo. —Es el collar que pidió para el cumpleaños de Elena, pero que no llegó a