Tras publicar la foto, Diego se desentendió por completo de su teléfono. Lo dejó sobre la mesa del cenador con la pantalla hacia abajo, queriendo que el día transcurriera en paz, sin el acoso de las notificaciones.
Elena se sentó a su lado, sosteniendo una taza de té que ya se había enfriado. —¿En serio no vas a volver a mirar el móvil? —preguntó ella.
—No. Martin sabe qué hacer en caso de emergencia. El resto puede esperar hasta mañana —respondió Diego con naturalidad. Se reclinó en la sill