El rugido amortiguado de los motores del jet privado cortaba las nubes en su trayecto de vuelta a Madrid. En la lujosa cabina, Elena permanecía en silencio, con la mirada perdida a través de la ventanilla. Su mente seguía anclada en lo sucedido en el hotel esa mañana.
Sinceramente, se sentía fuera de lugar. No esperaba que Diego pudiera ser tan agresivo; no le había dado ni un respiro, asediándola hasta dejarla completamente exhausta. Su cuerpo aún se sentía débil y, cada vez que recordaba lo