Capítulo 24

​Diego permaneció inmóvil. Podía sentir el calor del cuerpo de Elena contra su espalda y cómo sus manos temblaban ligeramente mientras rodeaban su cintura. Aquella disculpa sincera fue más impactante para él que todas las discusiones previas.

​Lentamente, Diego colocó sus manos sobre las de Elena, que seguían entrelazadas sobre su abdomen. No se giró de inmediato.

​—Estás borracha, Elena —dijo él. Su voz ya no era afilada, sino grave y cargada de cansancio.

​—Lo sé... pero hablo en serio —susur
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