Capítulo 122

El asistente de Arturo seguía de pie frente a ellos, sosteniendo el sobre crema.

​—Señor Diego —lo llamó.

​Diego finalmente tomó el documento. No lo abrió de inmediato; se limitó a mirar el nombre escrito en el frente. Parecía la letra de Arturo.

​—Para que lo sepas —soltó Diego de la nada.

​El asistente levantó la vista. —¿Sí?

​—Odio cada una de las costumbres de ese viejo.

​Elena pensó que el hombre se ofendería, pero no fue así. Al contrario, esbozó una leve sonrisa. —¿Cuál costumbre en part
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