Diego regresó y se sentó al lado de Elena con un suspiro pesado. Tenía la cara mucho más tensa que hace unos minutos. Mandíbula apretada, las manos entrelazadas a la fuerza sobre las rodillas.
Elena lo observó un momento antes de hablar.
—¿Pasa algo?
Diego mantuvo la mirada fija al frente.
—La junta directiva empezó a moverse.
Elena se quedó en silencio, esperando a que continuara.
—El asistente de Arturo dice que ya se filtró lo de mi padre. Ahora todos se están matando por el puesto.