Elena no tomó el sobre de inmediato. Su mirada se clavó en la caligrafía del frente. Conocía muy bien esa letra. Durante años, había visto la firma de Arturo en documentos de la empresa, contratos laborales y varios archivos de la familia Montenegro.
Pero esta vez se sentía diferente. Porque el nombre escrito allí era el suyo.
Sintió la mano muy pesada cuando finalmente aceptó el sobre. —¿Qué es esto? —preguntó en voz baja.
El asistente de Arturo soltó un breve suspiro. —Una carta personal.