Elena no sabía cuánto tiempo llevaba sentada junto a la cama de Arturo. El monitor cardíaco seguía pitando con el mismo ritmo monótono. Ese sonido no cambiaba. No indicaba ninguna mejoría, pero tampoco que estuviera peor. Solo era la prueba de que Arturo seguía respirando. De momento.
Elena aún tenía la mano apoyada sobre el dorso de la mano fría de Arturo cuando escuchó el ruido de la puerta corredera. Giró la cabeza de inmediato y se quedó helada.
Diego estaba allí.
No llegó a entrar. Se