La paz en el jardín duró poco. La calidez que apenas empezaba a surgir entre ellos se esfumó de golpe cuando el teléfono en el bolsillo de Diego vibró brevemente.
Diego suspiró, soltando la mano de ella de mala gana para sacar el celular. En cuanto vio el nombre en la pantalla, su mirada se volvió seria. Leyó el mensaje rápido, de un vistazo, y guardó el teléfono de nuevo.
Miró a Elena con una mueca de disculpa.
—Elena, tengo que irme un momento.
Elena se incorporó, dejando de apoyarse en