Elena no recordaba nada del viaje de Lyon a Madrid. Se había pasado todo el vuelo mirando por la ventanilla. El cielo estaba cubierto de nubes grises, exactamente como su cabeza.
Cada vez que cerraba los ojos, se le venían las caras de Diego, de Arturo y de su madre, una tras otra. Las preguntas sobre su origen, ese secreto enterrado durante tantos años, ahora le exigían respuestas.
En cuanto el avión aterrizó en Madrid, se subió directo a un taxi rumbo al hospital. Afuera, las luces de la c