Alma no sabía cuánto tiempo llevaba caminando. Solo sentía el asfalto frío bajo sus pies, el viento golpeándole el rostro, el cuerpo temblándole sin control. La noche la había devorado por completo, y ahora solo quedaba ella, arrastrando su dolor por calles desconocidas, sin rumbo, sin destino, sin hogar.
Su respiración era pesada, entrecortada, y por momentos su estómago se contraía con una náusea insoportable. No sabía si era por el embarazo, por el llanto o por el golpe emocional que la dest