La brisa vespertina se colaba entre las columnas del vestíbulo central, ondeando los estandartes del reino con una gracia silenciosa y casi burlona. Violeta caminaba entre ellas, sintiendo el peso de cada mirada que se deslizaba furtiva sobre su espalda. No necesitaba que nadie hablara: sabía leer los ojos, las sonrisas breves, los gestos demasiado educados. Sabía que el escándalo comenzaba a tomar forma.
Ya no eran solo sus pasos los que resonaban en los pasillos, sino también el eco de las pa