El eco de la declaración del príncipe aún vibraba en los muros del castillo. La mañana después del Consejo, Violeta despertó sin haber dormido realmente. Su cuerpo descansaba, pero su mente seguía alerta, enredada en un mar de preguntas. Las palabras de Leonard, tan firmes y luminosas en público, le habían abierto una grieta en el pecho, una mezcla de gratitud y terror.
Se levantó despacio, con la carta en la mano. Aquella nota anónima que mencionaba el apellido Thorne había sido colocada entre