La noche había caído sobre Nueva York, pero dentro del apartamento de Victoria el ambiente estaba muy lejos de ser tranquilo. Las luces bajas dejaban rincones en penumbra, apenas iluminados por el titilar de unas velas estratégicamente puestas en la mesa del centro. El aroma a madera y especias flotaba en el aire, envolviendo la habitación en una atmósfera que parecía deliberadamente calculada para desconcertar y atrapar.
Leonard se había quedado de pie junto a la ventana, con las manos metidas