El silencio cargado entre Leonard y Victoria se quebró con la llegada de una tercera figura. Emma, vestida con un elegante traje que evocaba la sutileza de otra época, se acercó con una sonrisa inquisitiva. Sus ojos se posaron directamente sobre Victoria, como si buscara atravesar la calma que ella se esforzaba por mantener.
—Dime, Victoria —preguntó con voz suave, aunque su tono estaba cargado de intención—, ¿a quién de la editorial se le ocurre la brillante idea de organizar una ceremonia amb