Mientras el castillo de Theros dormía bajo un cielo encapotado, una nueva energía parecía recorrer sus muros. Algo oscuro, como un susurro que se colaba por las rendijas y agitaba las cortinas de las estancias más nobles.
Emma, ajena a todo aquello, contemplaba la luna desde la galería de cristal. Su cuerpo seguía debilitado, pero en sus ojos comenzaba a nacer una chispa de esperanza. Se abrazaba a sí misma, intentando convencerse de que todo aquello no era un sueño.
—¿Realmente me ama? —susurr