El castillo de Theros, tan majestuoso como antiguo, no había conocido mayor silencio que el que siguió al anuncio oficial del compromiso entre el príncipe Leonard y Lady Violeta Lancaster. Sin embargo, ese silencio era solo la calma antes de la tormenta. Y la tormenta tenía nombre: Lady Arabella Devereux.
Arabella caminaba de un lado a otro de sus aposentos privados, con el ceño fruncido y los puños crispados. Los candelabros temblaban a cada movimiento brusco, y los sirvientes evitaban su pres