El gran salón parecía contener el aliento.
Las lámparas de cristal temblaban levemente bajo el peso de la expectativa. Las velas, altas y delgadas, derramaban su luz como si supieran que aquella noche no era una más. En cada rincón, desde los corredores altos donde se escondían los sirvientes hasta los extremos de la mesa imperial donde los miembros del Alto Consejo aguardaban como estatuas vivas, todo estaba dispuesto… para presenciar un juicio silencioso.
Y entonces, ella cruzó el umbral.
Vio