La vela titilaba frente a ella, como si dudara entre iluminar o dejar en penumbras lo que Violeta sostenía entre las manos. El diario de su madre. La tapa de cuero, aún suave a pesar de los años, estaba marcada con un sello de cera que ya no se usaba en la corte: el símbolo del lobo de Theros, invertido. Un signo de exilio. Un acto de silencio.
Violeta rompió el sello con lentitud. Sabía que estaba por leer palabras que la cambiarían. Palabras que habían sido escondidas no para protegerla, sino