El sol regresó lentamente tras el eclipse, pero su luz no trajo claridad. Solo más preguntas. Solo más caos.
El salón ceremonial, decorado con tapices de antiguas gestas y el sello dorado de Theros en cada columna, era una caverna de silencio absoluto. El emisario del Consejo estaba de pie en medio del estrado, rodeado de magistrados, nobles y guardianes rituales. Frente a él, el trono del pacto yacía vacío.
Violeta no había llegado.
Leonard, aún vestido con la túnica oscura que lo hacía ver ma