Valeria
Lo ayudé a recostarse con cuidado, acomodando las cobijas sobre sus piernas mientras él me observaba en silencio. En otro momento, tal vez me habría sentido incómoda por la manera en que me miraba, pero ahora no podía apartar la vista de él.
Sus ojos, que tantas veces habían estado llenos de frustración y resistencia, ahora eran suaves, abiertos de una forma que rara vez mostraba. Era como si, por primera vez, se permitiera bajar la guardia, como si estuviera confiándome algo mucho más p