Fernando
Cuando Valeria sugirió salir al jardín, una parte de mí se resistió. No porque no quisiera, sino porque sabía que cualquier paso fuera de la rutina podría desestabilizar lo que ya habíamos construido, lo que se supone que debíamos construir. Yo, paciente. Ella, fisioterapeuta. Eso debía ser todo. Nada más.
Si bien nunca se había cruzado una línea entre nosotros, al menos en mis acciones, había una separación clara. Entre ella yo, se levantaba una barrera invisible que yo había creado p