Esa semana era la más complicada: estaba en etapa de exámenes. Tenía que estudiar más que nunca. Aunque la carrera era casi cien por ciento práctica, algunos ramos como historia de la gastronomía y economía aplicada me exigían bastante concentración. Particularmente disfrutaba el de economía, ya que había clases especialmente dedicadas a la administración de negocios gastronómicos, y eso se conectaba directamente con el sueño que comenzaba a anidar en mi interior: tener algún día un pequeño res