Silas no podía dejar de pensar en lo que había presenciado. Si aquel vampiro decía la verdad, y era realmente el padre de Vida, ¿qué significaba entonces que ella no tuviera esencia alguna? La idea lo carcomía en silencio. Llevaba horas de pie frente a la puerta del cuarto de su amiga, sin atreverse a tocar. No sabía si preguntarle, si confrontarla, si siquiera ella misma era consciente de lo que cargaba. Finalmente, llegó a dos conclusiones: o aquel hombre había mentido y no era su verdadero p