Aunque la capital quedaba a kilómetros de la ciudad donde vivía Vida, eso no era obstáculo para que Kaelion la pensara y la sintiera cerca. Había pasado tanto tiempo sentado en una fría banqueta del parque solitario, que cuando recapacitó ya era bastante tarde; el holding había cerrado sus puertas, así que decidió ir a casa.
Al entrar, encontró a Isolde sentada en la sala de estar con una copa de vino. Lo estaba esperando: lo supo en el instante en que ella salió de sus pensamientos y le hizo u