Por primera vez, al alfa no le resultaba un problema tener paciencia con alguien. Con ella era distinto. La entendía, comprendía su enojo, y aun así permanecía a su lado, cuidándola aunque insistiera en que no lo necesitaba.
La humana comenzó a reír. La píldora hacía efecto y parecía en otro mundo: jugaba con los peces, hablaba con las rocas, se reía con el viento. Por un instante, se veía feliz, pero pronto su cuerpo empezó a temblar de frío. Sus labios se tornaron morados, y al verla así, Kae