Se alejó del bosque con pasos pesados, la rabia latiendo en sus venas como fuego líquido. Nadie la siguió; nadie se atrevió. Vida no quiso hablar, no quiso compañía. Lo único que en ese instante deseaba era venganza: arrancarles el corazón con sus propias manos a todos los que habían osado arrebatarle lo que más amaba.
Llegó a su departamento y, apenas cerró la puerta, se desplomó contra la alfombra. La memoria la golpeó como una tormenta: había salido de allí con Silas, entre risas y bromas, c