La oficina estaba llena de voces, teclados y llamadas, como si nada hubiera pasado. Vida caminaba por los pasillos con una carpeta en la mano, saludando a los empleados con una sonrisa tan bien ensayada que parecía real. Nadie lo notaba. Nadie sospechaba que, bajo ese gesto amable, el corazón le sangraba a cada paso.
Se detuvo frente al espejo del ascensor, ajustó su blusa y forzó otra sonrisa. “Normalidad”, se recordó. Tenía que aparentar normalidad. Pero en sus ojos oscuros había un brillo op