El invierno en Islandia era eterno. No un castigo, sino un silencio antiguo que respiraba magia.
Entre montañas cubiertas de nieve y aguas termales que exhalaban vapor hacia el cielo, los elfos mantenían su dominio secreto: el Salón de Hielo, una fortaleza subterránea esculpida en cristal volcánico. Ningún humano podía hallarla.
Vida, había caminado esas galerías muchas veces. Era una invitada habitual, respetada por los clanes élficos y escuchada con atención en los consejos, pues su sabidurí