La noticia se esparció antes de que amaneciera por completo. Alguien había visto la figura sobre el campanario, alguien más juraba que había escuchado los pasos de un gigante invisible recorriendo la plaza. En pocas horas, todo el pueblo murmuraba la misma palabra: contador.
Ariadna escuchaba desde su ventana los comentarios cargados de miedo. Algunos decían que quedaban siete días antes del fin. Otros que eran siete vidas, siete nombres, siete sacrificios. Nadie lo sabía con certeza, pero todo