El día transcurrió como una sombra interminable sobre el pueblo. Nadie bebió del pozo; algunos trajeron agua de arroyos cercanos, otros murmuraban plegarias mientras tapaban los recipientes con telas, como si eso sirviera de algo. Ariadna pasó la mayor parte de la jornada encerrada, con Elian vigilando desde la ventana como una estatua hecha de paciencia y alerta.
El libro descansaba sobre la mesa, cerrado. Pero aún con las tapas firmes, Ariadna sentía cómo latía, como si quisiera abrirse de go