Las primeras órdenes de Isabella fueron discretas, pero firmes. La idea era avanzar poco a poco, hasta tener el control. Así que no consultó a Dante en las decisiones que tomó. No pidió permiso. Solo lo miró, le informó… y él, con un leve asentimiento aceptó. ¿Pero qué más podía hacer si ella ya había actuado? Desde ese momento, Dante supo que algo en ella había cambiado. Y ya no retrocedería.
Ordenó una revisión de los libros contables de la flota portuaria. Exigió los reportes de distribución