La lluvia golpeaba el techo de la mansión como un tambor de guerra.
Era una noche sin estrellas. De esas que huelen a advertencia.
Francesca caminaba de un lado a otro en el salón de vigilancia, mientras las pantallas parpadeaban con imágenes del perímetro.
Isabella no dormía.
Lara sí.
Abrazada a su nuevo oso, con una ligera sonrisa que no parecía pertenecer a este mundo.
Entonces sonó el teléfono satelital.
Solo una persona tenía esa línea.
Solo una voz podría estar al otro lado.
Isabella resp