Los días siguientes al atentado transcurrieron con una calma extraña.
Demasiado perfecta. Demasiado silenciosa.
Isabella lo sabía. No era paz.
Era el murmullo que precede al desastre.
Francesca reforzó todas las rutas. Matteo coordinó los movimientos internos. Giulia, ahora alejada y vigilada, envió una carta de agradecimiento escrita a mano. Isabella la leyó sin emoción. Agradecer no repara una traición.
Pero lo que nadie esperaba… era que el golpe no viniera de afuera.
Sino del pasado.
Del de